LA POBREZA QUE QUIEREN QUE NO VEAS
Nos dicen que la pobreza baja.
Nos muestran números.
Gráficos.
Porcentajes.
Pero hay algo que no dicen.
No dicen que en muchos pueblos no hay industrias.
No dicen que el trabajo privado casi no existe.
No dicen que la economía real está frenada.
Porque eso no entra en la estadística.
La pobreza en Argentina se mide por ingresos.
Si te alcanza para una canasta, listo: no sos pobre.
Pero eso es solo una parte de la verdad.
La otra parte —la que molesta— es que podés no ser pobre en los papeles…
y vivir sin futuro en la realidad.
Porque cuando una economía no genera trabajo genuino, lo que aparece es la dependencia.
Dependencia del Estado.
Dependencia de la asistencia.
Dependencia de un sistema que te mantiene, pero no te deja crecer.
Y eso no es casualidad.
Es un modelo.
Un modelo que no apuesta al desarrollo, sino a la administración de la pobreza.
Un modelo donde es más importante sostener números que transformar la realidad.
Un modelo donde se confunde contener con progresar.
Mientras tanto, el sector privado pelea solo.
Los comerciantes sobreviven como pueden.
Y los jóvenes se van… o se resignan.
Pero claro, eso no se mide.
No aparece en ningún informe.
No entra en ningún porcentaje.
Porque la verdadera pobreza no siempre es la falta de ingresos.
Es la falta de oportunidades.
Es la falta de futuro.
Es la falta de libertad para salir adelante por uno mismo.
Y esa pobreza… no baja.
Se disfraza.
Se acomoda.
Se maquilla en los números.
Por eso no alcanza con celebrar estadísticas.
HAY QUE TENER EL CORAJE DE DECIR LO QUE PASA.
Que sin producción no hay desarrollo.
Que sin inversión no hay trabajo.
Que sin trabajo genuino no hay dignidad.
Y que ningún pueblo va a salir adelante dependiendo eternamente.
El verdadero cambio no es mejorar un indicador.
Es cambiar el modelo.
Mario Egidio Portillo
Abogado – Empresario
Pozo del Tigre, Formosa