Noche de protesta y silencio oficial: crece la bronca contra el IPV y estallan las dudas por las adjudicaciones
El reclamo ya no es nuevo, pero sí cada vez más contundente. Las manifestantes decidieron endurecer la protesta tras no obtener ninguna respuesta concreta de las autoridades, pese a haber esperado durante días una solución que nunca llegó.
Según denunciaron, se les prometió una contestación en un plazo determinado, pero el tiempo pasó y el silencio oficial fue total.
La escena es contundente: mujeres durmiendo en la vereda, sosteniendo un reclamo básico como el acceso a una vivienda, mientras del otro lado no hay funcionarios que den la cara ni explicaciones claras.
Pero el conflicto va más allá del reclamo puntual. Lo que empieza a crecer es la desconfianza. Cada vez son más los vecinos que cuestionan los mecanismos de adjudicación y los sorteos que se realizan, señalando falta de transparencia y sospechas sobre cómo se asignan las viviendas.
La ausencia de respuestas oficiales no hace más que profundizar ese malestar. Porque cuando no hay explicaciones, lo que aparece es la duda. Y cuando la necesidad es urgente, la paciencia se termina.
En ese contexto, el rol del organismo queda en el centro de la crítica. No solo por la falta de soluciones, sino por la falta de presencia. Mientras las familias reclaman, el Estado parece ausente.
Incluso la protesta escaló a medidas más extremas, con manifestantes que se encadenaron y advirtieron que podrían iniciar una huelga de hambre si no son escuchadas.
La conclusión es tan clara como preocupante: hay una demanda urgente, hay familias desesperadas… pero no hay respuestas.
Y en el medio de ese silencio, crece algo aún más peligroso: la pérdida total de confianza.